Sunday, 6 November 2011

Consejos para ser buenos padres



Cómo enseñarle a tus hijos a lidiar con un mundo temible y a veces injusto.
por Rav Noaj Orlowek
Los niños reaccionan al miedo de la misma forma que lo hacen sus padres.
Sus emociones son el reflejo de nuestras emociones. Si tú tienes miedo y hablas sobre ello frente a los niños, ellos se convertirán en miedosos también. Y debemos saber que ellos perciben todo - inclusive cosas que no notamos.
Por lo tanto, si quieres ayudar a tus hijos a vivir en un mundo negativo y a veces temible, necesitarás aprender cómo lidiar con el miedo.
Los Niños Reflejan Todo
Una vez escuché la siguiente historia:
Una joven pareja no podía entender por qué su hija de tres años de edad repentinamente desarrolló un miedo a las hormigas, hasta que descubrieron que dos días antes, la abuela había encontrado hormigas en la cocina y había dicho: "¡Oh no, las hormigas están aquí otra vez, se comerán todo!".
¡Para esa niña de tres años, "todo" la incluía a ella!
Si eres calmado y positivo, eso también se reflejará en tus hijos.
Durante la Guerra del Golfo en Israel, cuando las sirenas comenzaban a sonar, todos teníamos que refugiarnos en cuartos especialmente sellados contra ataques de gas.
Una amiga de mi hija estaba en nuestra casa cuando uno de los ataques comenzó. Tenía que decidir rápidamente si debía quedarse con nosotros o ir de vuelta con sus padres al final de la calle. No sé si la defensa civil lo hubiese aprobado, pero decidí llevarla a la casa para que estuviera con sus padres.
Cuando estábamos afuera, caminando hacia su edificio, las calles estaban vacías y las sirenas sonando. Esta pequeña sabía muy bien lo que significaban las sirenas, pero no tenía miedo. La persona que la estaba llevando no tenía miedo - entonces ella no tenía miedo. Los niños reflejan lo que sentimos.
La verdadera pregunta es cómo los padres pueden lidiar con su pesimismo y con sus miedos.
Controla Tu Miedo
La Torá nos ordena amar a Dios. En general, no te recomendaría que obligues a alguien a que te ame. Es terriblemente inefectivo.
Sin embargo, la Torá lo hace. También nos pide temer a Dios. Y le pide a los soldados no temer en la guerra.
¿Cómo la Torá puede ordenarle a alguien que tenga o deje de tener una emoción en especial? Realmente no lo hace.
La Torá nos ordena actuar, debemos hacer algo al respecto que provoque la emoción.
No se nos ordena mantener un pensamiento fuera de nuestra cabeza. Es muy difícil dejar de pensar o sentir algo, pero somos responsables de lo que haremos una vez que el sentimiento o el pensamiento está allí.
¿Cómo manejas la negatividad y el temor si no puedes sacarlo de tu mente?
¿De Dónde Proviene la Negatividad?
Todos tenemos una desafortunada tendencia a enfocarnos en lo que está mal. Tengo una boca llena de dientes y no me he dado cuenta de ellos. Nadie me dice que están ahí, sin embargo están disponibles todo el tiempo. Mis ojos son mis sirvientes de confianza. Definitivamente me daría cuenta de ellos si faltaran, o dejaran de funcionar. Pero... ¿los aprecio cuando funcionan?
No apreciamos diariamente los increíbles regalos que tenemos. Ese es el fundamento de la negatividad: pensar que merezco todo.
Cuando las cosas andan bien - tienes salud, familia, bienestar económico - no piensas al respecto porque estas cosas te las mereces, ¿no es así?
Respuesta Incorrecta.
No te mereces nada. Todo lo que tienes es un regalo.
Cada mañana recitamos una serie de bendiciones agradeciéndole a Dios por las cosas buenas; poder caminar, ver, ser libres. Y estas bendiciones nos enseñan a apreciar lo que tenemos. Por un lado, me ayudan a tomar conciencia de estos regalos, y por el otro, me ayudan a encontrar motivación para trabajar y mantenerlos.
Encuentra Algo Positivo
¿Cómo controlas tu negatividad? La forma más fácil es encontrando algo positivo.
Algunas personas sólo ven "los detalles", y se fijan en las cosas negativas. Intenta buscar "los detalles" positivos.
Si ves una pintura fea en la pared de tu amigo, esfuérzate para apreciar el hecho de que está colgada derecha. Nota cuán aburrida sería la pared sin ella. Reconoce que la han centrado bien.
Si tu hijo viene a casa quejándose sobre su maestro diariamente, déjalo. Pero insístele que siempre diga algo bueno sobre él. Las quejas se acabarán en unos cuantos días.
Una de mis frases favoritas es: "Para cualquier enfermedad hay un remedio... o no lo hay. Si hay alguno, ¡búscalo! Y si no hay, ¡no te preocupes más!".
Haz lo que puedas hacer para estar a salvo, para protegerte del mal. Lo que puedas hazlo y lo que no puedas hacer, ¡olvídate de ello!
Finalmente, cuando nos damos cuenta de que realmente estamos en las manos benevolentes de Dios, nada nos puede paralizar. Es verdad que siempre debemos hacer nuestro máximo esfuerzo, pero estos pasos no son dados en el contexto del miedo, sino de la seguridad.
Natan Sharanzky escribió que el temor a Dios y el respeto por la esencia de Dios, es el único factor capaz de conquistar el miedo.
Como dijo el Rey Salomón: "El temor al Creador es el principio del conocimiento".
Así como un pequeño dolor es olvidado en un momento de gran dolor, y una pequeña felicidad es olvidada en un momento de gran felicidad, así también, si temes a Dios, no le temerás a nada más.

Muebles del Gueto de Varsovia



¿Cómo podemos desear volver a un lugar que no recordamos?
por Sara Debbie Gutfreund
Es el comienzo de las Tres Semanas, el período en el que lamentamos la destrucción del Templo de Jerusalem, y estoy pensando en lo que recientemente me dijo una amiga: “Todas las restricciones son duras para mí porque ni siquiera sé por lo que me estoy lamentando. No tenemos elBeit HaMikdash, ¿y qué? Tenemos nuestro shul. Tenemos nuestra comunidad. Sé que no debería sentirme de esta manera, pero no veo ninguna razón para estar triste”.
Esta es la clase de tristeza más profunda; ni siquiera sabemos que nos falta algo.
Hace unos cuantos años, murió una joven madre, y por alguna razón no podía dejar de pensar en su hija de dos años. Esa hija, en pocos años más, no recordará a su madre. Ni siquiera sabrá que le falta el amor de su madre.
Como judíos, hemos perdido la conexión más esencial de nuestras vidas, y somos como niños que no pueden recordar la cara de su padre. ¿Cómo podemos desear volver a un lugar que no recordamos?
La primera vez que visité el nuevo Yad Vashem, el museo del Holocausto de Israel, recorrí el laberinto de fotografías y videos y sentí la pesadez de familias destrozadas, de mundos enteros desapareciendo sin un suspiro de protesta. Y luego la vi. Era una fotografía de judíos que se estaban mudando al Gueto de Varsovia. Estaban jalando carretas de madera apiladas hasta arriba con sus muebles. Había sillas, mesas, camas y maletas. Un niño adolescente estaba mirando al fotógrafo, con una silla en sus hombros. Sus ojos se abrieron paso hasta los míos. Se veía como tanta gente que yo conocía. Podría haber sido un hermano, un primo, o un hijo.
Nadie entendió que hubiesen estado mejor dejando sus sillas atrás.
No podía dejar de mirar esa fotografía. Me quedé parada allí, llorando. ¿Hacia dónde creían que estaban yendo? ¿Por qué estaban llevando tantos pesados e inútiles muebles? ¿No sabían que ya no los necesitaban? Nadie entendió que hubiesen estado mejor dejando sus sillas atrás.
Sentí como si estuviese mirando un espejo. ¿Cuánto tiempo pasamos comprando y planeando y transportando todos nuestros “muebles”? Desde la elección del auto hasta el material de los almohadones de los sofás del living, invertimos tanto de nuestro tiempo asegurándonos de estar lo más cómodo posible. La comodidad no es necesariamente mala; se convierte en un problema cuando la convertimos en el objetivo. Al igual que la gente en la fotografía, llevando sus muebles al gueto, no me doy cuenta de que en realidad no estoy en casa, de que estoy viviendo una ilusión. Y posiblemente lo más triste de todo es que no veo que, como nación, estamos cortados de la Fuente misma de vida.
Mientras salía del museo hacia el sol encandilador de la tarde, escuché las voces de todas las grabaciones haciendo eco en mi mente:
Se llevaron mi bebé y lo mataron delante de mí… Mi propio padre cayó durante la marcha y no se detuvieron para ayudarlo, no sé por qué yo no me detuve, tenía tanto miedo… Estábamos en el tren sin comida, sin agua, sin aire,… ahora no me queda nadie, nadie… Yacía debajo de montones de cadáveres, tenía sólo seis años y subí hasta la cima y vi el bosque…
Manejé hasta casa y traté de olvidar las voces. Porque tengo que hacer la cena. Y tengo que alimentar al bebé. Y tengo que terminar mi proyecto. Y retirar la ropa de la tintorería y concertar citas con el dentista. Las voces comenzaron a desvanecerse a medida que crecía en mi cabeza la lista de cosas para hacer.
Pero esa fotografía no se iba. Esas personas son mi familia. Sus pérdidas son mías. Pienso en el reciente ataque terrorista en Jerusalem. ¿Qué hice después del primer momento de horror luego de escuchar las noticias? Comencé a hacer llamados telefónicos. ¿En dónde está mi marido? ¿Mis padres están bien? ¿Mis hijos están a salvo? Y cuando me aseguré de que todos estaban a salvo, di un suspiro de alivio y continué la ilusión de que todo está bien. ¡Pero no lo está! Hay gente herida. Alguien acaba de perder a su madre, a su hijo, a su esposo que estaba perfectamente bien esta mañana. No puedo simplemente seguir con mi rutina. No puedo continuar de esta manera. No puedo simplemente decir una plegaria y salir a cenar.
Pero lo hago. Y ahora, mientras me permito pensar sobre mis pares judíos, me duele el corazón. Porque son mi familia. Y porque todos perdimos juntos. Durante las tres semanas y especialmente durante los nueve días, disminuimos nuestro placer físico. Bajamos los muebles de la espalda y dejamos de movernos hacia la ilusión del confort. Cuando no estamos distraídos por el confort material, puede que veamos que estamos en el exilio. Estamos desconectados de nosotros mismos, de los demás y de nuestro Padre.
Y cuando dejemos de escribir nuestras “listas” podremos comenzar a ver que Dios está esperando que bajemos nuestras maletas y que lloremos. Quiere que nos demos cuenta de que hasta con nuestros acaudaladosshuls, hermosas escuelas y prósperos hogares, sólo somos viajeros. Quiere que regresemos a Casa. Y finalmente, quiere que veamos que somos todos parte del corazón roto y perdido de nuestra nación. Tu pérdida me duele. Tu simjá me trae alegría. Y juntos, como una familia, encontraremos nuestro camino a casa.

Una Cosa Pura




Trayendo la luz oculta de Janucá a nuestras vidas.
por Sara Debbie Gutfreund
Dame una imagen pura. Un bebé recién nacido. Un amanecer. El sol hundiéndose lentamente detrás de las montañas, dejando una luz rosada detrás de sí. Rosas blancas.
Dame un momento puro. El último esfuerzo para alcanzar la cima de una montaña empinada. Zambullirse en el mar, en el medio de una ola enorme. Mirar a los ojos a tu pareja y ver su alma…
Muéstrame una persona pura. Rav Jaim Pinjas Sheinberg sentado al costado de la cama de su esposa enferma, cantando todas las canciones que conoce hasta que ella le da una sonrisa.
Cuéntame una historia pura. La Rebetzin Batia Sheinberg, que murió el año pasado a la edad de 96 años (y 79 años de matrimonio), compartió la sala de hospital con una mujer muriendo de cáncer. Todos los días escuchó a esta mujer y a su marido rezando para que ella muriera y dejara de sufrir. Un día la Rebetzin se dirigió a esta pareja y les dijo: “¿Por qué están rezando para morir? ¡Deberían estar rezando para vivir!”.
La mujer y su marido menearon sus cabezas: “Esto no es vida”, dijeron. “Esto es dolor”. Y como una madre compasiva confortando a sus propios hijos, la Rebetzin les habló con todo su corazón y toda su fuerza: “Están equivocados. Esta es la oportunidad de empacar las maletas para el viaje final. ¿Qué van a poner en sus maletas?”.
La pareja respondió: “No sabemos. No tenemos nada para empacar. Nunca hemos aprendido sobre el mundo espiritual. Nunca hemos empacado nada”.
A partir de ese día, desde su cama de hospital, la Rebetzin les enseñó a decir Salmos, luego a bendecir por los alimentos, luego sobre Shabat, etc. Y cuando esta mujer, que tuvo la dicha de ser la compañera de pieza de la Rebetzin Sheinberg le devolvió su alma a su Creador, su marido le pidió a la Ieshivá del rabino Sheinberg que dijera Kadish por ella todos los años en su yortzait (aniversario de fallecimiento). Y de esta manera, la Rebetzin Sheinberg nos enseñó a vivir incluso después de la muerte.
Eclipsando la Luz
La gente responde a la sinceridad y a la pureza al igual que responden al aire fresco. La reciben contentos. La inhalan. Les da vida. Todas las mañanas recitamos una hermosa bendición: “Mi Dios, el alma que Has puesto en mí es pura. Tú la Has creado, Tú le Has dado forma, Tú la Has insuflado dentro de mí, la salvaguardas dentro de mí, y eventualmente Te la llevarás de mí, y la restituirás en mí en el Tiempo por Venir. Todo el tiempo durante el cual el alma esté dentro de mí, te agradeceré”.
¿Pero por qué es tan difícil sentir la pureza esencial de nuestras almas? La Rebetzin Tzipora Heller da el ejemplo de la luz de una vela. Si pones una cortina delante de la vela, ¿todavía verías la luz? Sí. ¿Y si pones dos cortinas? Sí, todavía podrías ver la luz, aún si está eclipsada. Pero si pones cien o mil cortinas entonces puede que no veas la luz para nada, aunque todavía esté encendida. El alma es como esa vela encendida, y las cortinas son elecciones equivocadas que bloquean el acceso a nuestra verdadera identidad.
Janucá nos da la fortaleza para encontrar la luz pura e infinita que se esconde detrás de las cortinas de nuestras vidas.
En Janucá se nos da una fortaleza especial para encontrar esa luz infinita y pura que se esconde detrás de las cortinas de nuestras vidas. Pero primero necesitamos quererlo. Necesitamos añorar la oportunidad de ver la vela encendida.
¿Cuál es la fortaleza que nos da Janucá? ¿Qué es lo que tiene la menorá que nos hace desear encontrar nuestra alma?
Cuando recuperamos el Templo Sagrado, había otros tarros de aceite que podríamos haber utilizado para encender la menorá. Pero sólo queríamos encenderla con el aceite puro a pesar de que sólo quedaba un poquito. Estábamos dispuestos a arriesgarnos a la oscuridad subsiguiente para ofrecerle a Dios ese único tarro de aceite.
En Janucá, Dios quiere que recordemos que también hoy en día tenemos la habilidad de traer luz a nuestras vidas. Quiere que recordemos todas las veces en las que no tuvimos miedo de enfrentar la oscuridad. Quiere que creamos en “lo mejor” y en “lo más puro” dentro de nosotros, sin importar qué tan pequeña sea esa chispa de sinceridad.
Y luego, Él tomara cada una de nuestras chispas pequeñas y llenará nuestras vidas con luz. Ese es el milagro.
Vemos esto todo el tiempo en nuestras vidas. Respetas una hora de Shabat, pero la respetas con todo tu corazón. Y Dios eventualmente te ayuda a respetar todo Shabat. Aprendes un poco de Torá completamente abierto a recibir sabiduría, y Dios te enseña más de lo que podrías haber imaginado. Dices una bendición con intenciones puras, y Él preserva el eco de esa plegaria para las generaciones venideras.
En el comienzo del tiempo, Dios creó una luz especial que se extendió de un extremo del mundo hasta el otro. Bajo esa luz, nada moría y nada se podría. Era una hermosa y curadora luz infinita. Pero sólo duró 36 horas, porque Dios vio que la luz no era apta para este mundo, en donde necesitábamos algo de oscuridad para poder tener libre albedrío. Por lo que escondió la luz y la reservó para el Mundo por Venir, en donde no hay dolor ni ocultamiento.
Pero una vez al año, en Janucá, Dios nos da acceso a esta luz escondida que reside en los recovecos más profundos de nuestras almas. Hay 36 velas encendidas durante Janucá, cada una de ellas representa una hora de las 36 horas que esta luz oculta estuvo revelada en el mundo.
Cada vela que encendemos remueve otra capa de la cortina que bloquea la preciosa y oculta luz de nuestras almas.
Cada vela nos rodea con la pureza de ese pequeño tarro de aceite que siempre tiene una gota más. Porque todo lo que necesitamos es una cosa pura. Una imagen pura. Un momento puro. Una historia pura.
Y así, ese singular momento llevará al siguiente momento puro. Vela a vela. Hasta que la oscuridad desaparezca completamente.

Sukkot - A Celebration For Every Nation!

the living prophecy

Life is too precious